Otelo
Del día 14 al 18 de diciembre podemos asistir en el Teatro Principal de Zaragoza a la representación sobre las tablas de una nueva adaptación a cargo de la compañía teatral Che y Moche de Otelo (Otelo, el moro de Venecia) de Shakespeare. Una muy buena adaptación con unas interpretaciones impecables y una escenografía moderna y funcional que, por lo menos a mí, me gustó mucho: juegos de sombras que intensifican la confusión y el delirio, proyecciones de agua para simbolizar la acción en Venecia, proyecciones algo psicodélicas en los cambios de escenario y decoración que consiste fundamentalmente en una tela que da gran juego (semeja caras femeninas, cambia de colores y posiciones, …).
Si tradicionalmente Hamlet ha pasado a simbolizar la indecisión, Romeo y Julieta el amor, Macbeth la ambición, … a Otelo siempre le han tocado los CELOS, y si hubiera que decir con una palabra la pasión humana que predomina en esta tragedia sería ésta. Pero la compañía no ha querido hacer hincapié sólo en este punto (visión simplificada y reducida), y así lo podemos leer en el propio folleto de la obra:
“En este texto encontramos la más pura esencia del mal, todas las gamas de los males y contradicciones de una sociedad: mercantilismo, competitividad de un mundo que obliga a una lucha descarnada por sobrevivir, el desprestigio, la intriga, los celos, la xenofobia, el favoritismo, el rumor, la hipocresía, … Todo ello convive en Otelo“.
Así nos encontramos a la pareja de amantes y matrimonio Desdémona (Raquel Anadón) y Otelo (Jesús Pescador), éste último presentado inicialmente como rudo pero noble, honrado e incapaz de sentir los celos, una especie de león del desierto. El factor de discordia y contaminación de todos los demás, el manipulador y la encarnación de la maldad es Yago (Joaquín Murillo) que irá jugando con todos ellos, hasta conducir a Otelo a la locura de los celos que le llevará a su propia autodestrucción y la de su mujer Desdémona (del griego dysdaímon ‘desdichada’). Una vez más, en la puesta en escena se juega con las luces y los colores: Yago es moro y negro (aunque Jesús Pescador no lo sea) y en el lecho de muerte de ambos vemos las sábanas nupciales blancas y a ellos ataviados del mismo color de la pureza, la castidad y la inocencia; pronto irrumpirá la luz roja de la sangre, el crimen, el Infierno…
Como ya se ha dicho el motor es Yago que siembra la duda y los celos en el bueno de Otelo:
OTELO.- ¡Qué! ¿Qué es eso? ¿Crees que habría de llevar una vida de celos, cambiando siempre de sospechas a cada fase de la luna? No, una vez que se duda, el estado del alma queda fijo irrevocablemente. Cámbiame por un macho cabrío el día en que entregue mi alma a sospechas vagas y en el aire, semejantes a las que sugiere tu insinuación. No me convertiré en celoso porque se me diga que mi mujer es bella, que come con gracia, gusta de la compañía, es desenvuelta de frase, canta, toca y baila con primor. Donde hay virtud, estas cualidades son más virtuosas. Ni la insignificancia de mis propios méritos me hará concebir el menor temor o duda sobre su infidelidad, pues ella tenía ojos y me eligió. No, Iago, será menester que vea, antes de dudar; cuando dude, he de adquirir la prueba; y adquirida que sea, no hay sino lo siguiente…, dar en el acto un adiós al amor y a los celos. (Acto III, escena III)
OTELO.- Por el universo, creo que mi esposa es honrada y creo que no lo es; pienso que tú eres justo; y pienso que no lo eres. ¡Quiero tener alguna prueba! Su nombre que era tan puro como el semblante de Diana, es ahora tan embadurnado y negro como mi propio rostro… Si existen cuerdas, cuchillos, venenos, fuego o torrentes para ahogarse, no lo soportaré… ¡Quisiera estar plenamente convencido! (Acto III, escena III)
Como curiosidad, hay un momento en la obra, cuando Otelo comienza a dudar de Desdémona, en que Otelo le dice que tiene las manos húmedas (algo que interpreta negativamente) y a lo que atribuye el don de la fertilidad. Como pude aprender el otro día, a la mujer en la tradición (que conducía frecuentemente a la misoginia) se le atribuían las cualidades de fría y húmeda asociadas a la fecundidad pero al alejamiento de la razón frente a lo cálido y seco atribuido a los hombres.Así se puede leer, por ejemplo, en el Examen de ingenios de Huarte de San Juan: “Luego la razón de tener la primera mujer no tanto ingenio le nació de haberla hecho Dios fría y húmeda, que es el temperamento necesario para ser fecunda y paridera y el que contradice al saber; y si la sacara templada como Adán, fuera sapientísima, pero no pudiera parir ni venirle la regla si no fuera por vía sobrenatural”.
Si tenéis la oportunidad no os la perdáis, tenéis todavía mañana. La representación es larga (dos horas y cuarto) pero la puesta en escena y el trabajo de los actores merecen realmente la pena. Ahora me acuerdo de otro momento gracioso: las canciones de la borrachera. En fin, si vais a verla no os arrepentiréis.

isterica said,
Diciembre 21, 2005 at 12:50
Una compañera de trabajo fue a verla y no le gustó nada. Comenta que el único que le gustó fue uno de los actores que fue profesor suyo, creo que de teatro.
Anonymous said,
Diciembre 22, 2005 at 14:49
Jo, yo como siempre tarde (ya sabes que no sé cómo lo hago pero siempre me entero tarde de todo, je, je)… A mí si que me habría gustado verla, pero he leído este post demasiado tarde. Bueno, otra vez será.
Rickky said,
Diciembre 22, 2005 at 14:58
El “Anonymous” soy yo, Richi, que no me he dado cuenta de que no había puesto el nombre, je, je.
Antonio Manuel said,
Diciembre 22, 2005 at 16:45
Ja,ja,ja… muy objetiva tu compañera de trabajo… menos mal que no actuaban familiares suyos…
Refrendo lo dicho por Ireth respecto a las interpretaciones. Raras veces encuentras en una obra de teatro tal calidad individual analizando intérprete por intérprete, ni una compañía artística con tan buena compenetración colectiva.
Respecto a la faceta escenográfica… no discuto su originalidad y su gran significación en cada momento de la representación… pero yo siempre he pecado de clasicista para con las adaptaciones de los grandes clásicos literarios, y no voy a dejar de serlo ahora… libertad escénica sí… pero hasta cierto punto!… que estamos tocando algo escrito por Shakespeare!
Pero no permitiré que un árbol no me deje ver el bosque… así que… en resumen, una magnífica obra y puesta en escena; de lo mejor que ha pisado las tablas del Principal en las últimas fechas.
Ireth said,
Diciembre 22, 2005 at 22:34
No sé, yo Isterica lo único que puedo decirte es que a mí me gustó toda en general y en conjunto: actores, escenografía… Sí es cierto que por ejemplo a mi querido acompañante (que ya veo que no me ha dejado mentir) no le acababa de convencer el decorado, la escenografía que rompía con los moldes tradicionales y que él hubiera cambiado y evitado. Pero para gustos los colores. Todavía recuerdo la nefasta crítica que tuve que leer en un periódico de la mejor obra que he visto hasta el momento y que será difícilmente superable, fue en abril de 2004 en el Principal también: Sueños de un seductor, la adaptación teatral de la película de Woody Allen, protagonizada magistralmente, al menos para mí, por Fele Martínez.
Por cierto Antonio, acabo de darme cuenta al llegar a casa de que se me ha olvidado darte tu preciado folleto.
Si es que Rickky, siempre igual, desde luego…
, te hubiera encantado.